En un artículo1 publicado recientemente, David Bueno indica la existencia de trabajos neurocientíficos que explican que cualquier aprendizaje que lleve emociones asociadas se retiene mucho mejor en la memoria y menciona algo revelador: “No genera el mismo efecto en la estructura cerebral aprender con miedo que a través de la sorpresa y la alegría, lo que se traduce en la génesis de personalidades diferentes”.
Las nuevas técnicas de visualización del cerebro han demostrado que lo novedoso, los estímulos visuales y, en general, todo aquello que nos genera “sorpresa” capta nuestra atención permitiéndonos fijar los pensamientos y las respuestas ante problemas planteados. Por ejemplo, ¿a qué dedicas los primeros minutos de cada sesión?
María tenía un truco, empezaba cada clase de forma distinta: introduciendo una pregunta abierta, presentando un vídeo que conectase con nuestra realidad, organizando alguna actividad dinámica… en lugar de dedicar los primeros minutos a repasar contenidos, a corregir tareas o a esperar que el grupo esté en silencio, como solían hacer otros docentes. Esto ayudaba a generar esta sorpresa que hacía al alumnado estar más atentos.
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